Pelo y barba en invierno: qué cambiar en los meses de frío

Pelo y barba en invierno: qué cambiar en los meses de frío

Qué le hacen de verdad el frío y el aire seco a tu pelo

Los problemas capilares del invierno rara vez los causa el frío en sí. El culpable real es el salto de humedad. En la calle a cinco bajo cero el aire retiene muy poca agua; dentro de casa con calefacción central la humedad relativa cae hasta el veinte por ciento, más seco que un desierto. El pelo se comporta como una esponja, cede su humedad a la habitación, se vuelve más rígido, se dobla peor y se parte donde antes solo se doblaba. El cuero cabelludo reacciona antes que el pelo: tira, pica y se descama de una manera que muchos confunden con caspa y empiezan a tratar con champús anticaspa agresivos. Eso empeora las cosas, porque la caspa real es de origen fúngico mientras que la descamación invernal es deshidratación. Añade la ducha caliente que parece la salvación tras la calle helada pero que arrasa la capa lipídica protectora más rápido que nada. Y hay otro factor invernal en el que nadie piensa: los cambios bruscos de temperatura. Al entrar del frío a una sala caldeada el pelo se cubre de microcondensación y luego se seca deprisa. Un ciclo así no cambia nada, pero sesenta ciclos por temporada se ven clarísimos en las puntas.

Gorro, electricidad estática y barba al viento: soluciones

Al gorro se le culpa injustamente: el invierno sin él es peor que con él. La cuestión es el material y lo que haces después. La lana áspera sobre el pelo desnudo genera fricción y estática, así que un gorro forrado o de hilo más suave resuelve la mitad del problema de inmediato. No te pongas nunca el gorro con el pelo húmedo: la fibra está entonces en su momento más vulnerable y con el hielo el agua de dentro literalmente se expande. La estática no se arregla con un peine sino con hidratación: unas gotas de aceite ligero repartidas por el largo funcionan mejor que cualquier truco antiestático. La barba sufre más que el pelo de la cabeza en invierno, porque está totalmente expuesta al viento y no protege la piel que tiene debajo. El viento saca agua de los pelos y de esa piel, y de ahí sale el picor invernal que los hombres suelen achacar a la barba que crece. El aceite de barba en invierno no es opcional sino básico, y va sobre la piel y no sobre las puntas. Un bálsamo o una cera añaden una película que retiene la humedad dentro, y a diez bajo cero se nota.

El calendario de invierno: lavado, productos y barbería

La rutina de invierno se diferencia de la de verano en tres puntos. Primero, la frecuencia y la temperatura del lavado. Quita un lavado semanal y pon el agua templada en vez de caliente: unos pocos grados cambian cuánto lípido se queda en tu piel. Segundo, los productos. Las arcillas y polvos mate resecan más en invierno, así que conviene sustituirlos al menos en parte por cremas, pastas al agua o una pomada clásica. Si no piensas renunciar a la arcilla, ponte antes un poco de acondicionador sin aclarado. Un humidificador en el dormitorio es la inversión más barata y más eficaz que existe para el pelo en invierno, y funciona igual en pelo, piel y garganta. Tercero, las propias visitas. Con el frío el pelo se rompe más por las puntas, así que no es la temporada de estirar el intervalo entre cortes: una punta recortada deja de abrirse hacia arriba. La barba también pide un perfilado más regular, porque el pelo seco se dispara y la forma se pierde antes. En 044 Barbershop ofrecemos el tratamiento con toalla caliente más a menudo en invierno, y no es un ritual por el ritual sino la forma más simple de devolver un cuero cabelludo a la normalidad tras semanas de radiadores.